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En la parte norte de la ciudad, cruzando puentes y acercándose a las montañas, se encuentran North Vancouver y West Vancouver, dos tranquilas zonas residenciales con lo mejor de los escenarios naturales y vistas únicas hacia el mar y la ciudad. En sí, cruzar el Lions Gate Bridge o tomar el SeaBus es toda una experiencia, pero ése es apenas el comienzo de la aventura y del encuentro con la naturaleza (osos incluidos).

Qué hacer

A 70 metros de altura, y durante 137 metros de largo, se obtiene una vista dramática sobre el río.

Conviene llegar temprano para rentar una canoa o un kayak y adentrarse en el fiordo Indian Arm.

Vale la pena tomar el ferry a Bowen, es perfecto para una excursión y caminar por el bosque.

Las montañas del North Shore son perfectas para ir a esquiar pues están muy cerca de la ciudad.

Hay que adentrarse en el bosque y salir al lado del faro a disfrutar de la maravillosa vista.

Hay que asomarse al Lonsdale Quay Market para conocer sus puestos de comida y artesanías.

Para un día en la playa con extraordinarias puestas de sol y vistas hacia Vancouver.

Para los que no saben resistirse a las compras, Park Royal Shopping Center tiene de todo.

Comer y beber

No todo es naturaleza cuando se trata de Grouse Mountain, en Altitudes Bistro se puede comer muy bien.

Fishworks es un sitio relajado de mariscos con platos clásicos y contemporáneos.

Un lugar clásico de pescados y mariscos con una atmósfera relajada y familiar.

Ideal para tomarse un Bloody Caesar y para disfrutar de una vista excepcional del puerto.

Repostería de primera. Hay que ir directo al pastel de mousse de limón.

Caminar el seawall al atardecer y detenerse a tomar una copa de happy hour.

Pasteles, tartas, macarrones, galletas y más delicias del chef Thomas Haas.